Esta es una de las siglas para referirnos a la comunidad LGBTIQA+ y quienes la conforman desde distintas identidades, cada letra representa la gran variedad de expresiones que se posicionan fuera de la heterosexualidad y su lugar en la sociedad.
Dentro del lenguaje existen variaciones para referirnos a la comunidad, una de las más populares es LGBT, sin embargo, en sus evoluciones posteriores se introducen letras con el propósito de incluir otras identidades en la sigla.
El lenguaje es de suma importancia para conocer y comprender estas distintas denominaciones para referirnos a la comunidad LGBTIQA+, ya que toman valor significativo y aportan en la validación sobre la existencia de las diversidades.
Heterosexualidad
Es la atracción física, emocional, erótica, amorosa, afectiva y espiritual por personas del sexo/género opuesto al propio. Un hombre heterosexual es aquel que siente atracción hacia las mujeres, mientras que una mujer heterosexual es aquella que siente atracción hacia los hombres.
Fuente: Mujeres Activando ONG
Heteronormatividad
Sistema jurídico, social, religioso y mental que considera como única posibilidad las relaciones heterosexuales, obligando a las personas a seguir este régimen, que dificulta la existencia de otras formas de existir desde las diversas orientaciones y afectividades.
Fuente: Universidad de Los Largos – Dirección de Igualdad de Género.
Las relaciones heterosexuales son las consideradas las “normales” o como “regla natural” que no se debe cuestionar. Las relaciones del mismo sexo o género son asumidas como “anormales”. Así el concepto se compone del conjunto de normas sociales, políticas, culturales y jurídicas que obligan a los individuos a actuar conforme a patrones heterosexuales dominantes.
Fuente: Mujeres Activando ONG
Las personas nos desarrollamos de distintas formas y una de ellas es la autopercepción; este término se refiere a la visión propia que posee cada individuo, puede construirse en base a la identidad y evolucionar con el tiempo.
Atracción que una persona siente hacia otra, se puede expresar de forma física, afectiva, emocional, erótica y espiritual. Además, esta se entiende desde la amplitud del género; como un sentimiento genuino dirigido hacia otra persona.
Heterosexual: atracción hacia el género opuesto. Lesbiana/Gay: atracción hacia el mismo género.
Bisexual/Pansexual: atracción sin distinción de género, identidad, orientación, expresión, etc.
Asexual: no sentir atracción sexual por otra persona, independiente de sus atracciones físicas, emocionales, etc.
Se refiere a la condición orgánica, masculina o femenina, considerando el sexo conforme a sus órganos sexuales; este es asignado al nacer.
Además, desde las expresiones primarias de los cromosomas (X e Y), existen 3 tipos de sexo biológico:
Hombre: cromosomas XY + genitales masculinos
Mujer: cromosomas XX + genitales femeninos
Intersexual: personas que nacen con características sexuales, incluidos patrones de cromosomas o genitales que no se ajustan a las nociones típicas de cuerpos masculinos o femeninos.
Es la vivencia del género para una persona, la cual puede corresponder o diferenciarse del sexo biológico asignado.
Desde la autopercepción, una persona puede sentir de distintas formas su identidad. Además del binarismo (hombre/mujer), existen diversas formas de percepción en el género de una persona. Algunos ejemplos:
Trans: persona cuyo sexo asignado al nacer no coincide con su percepción de género.
No Binario: personas que, desde el binarismo (hombre y mujer), sienten identificación con la masculinidad y feminidad o, por el contrario, rechazan ambas.
Queer: amplio espectro en el que una persona se puede identificar entre mujer y hombre en distintas formas, desde diversas cercanías o como una mezcla de ambos conceptos.
Se establece como la forma de exteriorizar el género con el cual se percibe una persona.
Se puede ejemplificar en distintas acciones o formas, desde la elección de nombre, forma de hablar, tono de voz, vestimenta, comportamiento, actitud y también los roles de género; es decir el conjunto de comportamientos culturalmente específicos que en una sociedad se esperan de una persona en razón de su sexo.
Una forma de identificación más utilizada es la bandera. Este símbolo se ha transformado en un motivo de orgullo y, a partir de un enfoque positivo, los diseños adoptaron cercanía con el uso del color. Estos fueron utilizados en las evoluciones de las banderas del orgullo, las cuales reflejan de distintas formas las experiencias e identidades únicas de la comunidad.
Desde los primeros símbolos de representación ha existido el uso del color; en la Inglaterra victoriana, por ejemplo, la solapa de los hombres gay se adornaba con un clavel verde para insinuar sutilmente su sexualidad. Se cree que esta tendencia fue iniciada por el escritor gay Oscar Wilde.
También el popular triángulo rosa fue utilizado por primera vez en la Alemania nazi para identificar a los hombres gay en los campos de concentración. Luego, con el paso de los años, fue recuperado desde el activismo y se convirtió en un emblema gay en la década de 1980, antes de que se originara un símbolo más esperanzador: la bandera.
La gran popularidad que sostenía el triángulo rosa para la representación de la comunidad LGBTIQA+, sobre todo en el activismo e instancias políticas, fue clave en el impulso hacia la creación de un símbolo nuevo. Precisamente de aquellos sectores surge la iniciativa para crear un símbolo más inclusivo y esperanzador.
En 1977, Harvey Milk fue el primer hombre abiertamente gay elegido para ocupar un cargo público en Estados Unidos, en California. Hasta ese entonces, Milk utilizaba públicamente el triángulo rosa como símbolo recuperado de orgullo y liberación, pero buscaba un nuevo tipo de identidad visual para la comunidad, relacionada con la alegría y la positividad.
Harvey Milk encargó al diseñador Gilbert Baker un nuevo símbolo para la comunidad LGBTIQA+. Así, en 1978, nació la popular bandera, que en su versión original se componía de ocho franjas de colores, representando la sexualidad, vida, sanación, claridad, naturaleza, arte/magia, armonía/paz y espíritu de comunidad.
Las primeras versiones de la bandera en 1978 fueron cosidas a mano por Baker y un equipo de voluntarios para que fueran vistas durante el Día de la Libertad Gay de San Francisco.
Con el pasar del tiempo se populariza la bandera y aumenta su demanda, obligando un ajuste de diseño: se decide eliminar el color rosado y turquesa, ya que durante aquellos años ambos colores presentaban dificultades para su elaboración en grandes cantidades.
La importancia de este símbolo representativo trasciende los años y se mantiene activo en la comunidad. Su uso es diverso y se utiliza en distintas instancias de apoyo a la diversidad. Tal como la sociedad se mantiene en constante cambio, sus representaciones varían respondiendo a las problemáticas y demandas de las personas. La Bandera LGBTIQA+ se formula desde el dinamismo y está sujeta a los distintos cambios que se plantean en la actualidad.
Desde nuevos colores hasta nuevas banderas, a continuación se presentan los distintos cambios y actualizaciones que se han sumado a la representación de la “Bandera Arcoíris”.






Aún así, la comunidad se ha expresado con resistencia frente a la sociedad y destaca desde distintas áreas. A lo largo de la historia, ha recopilado hitos que marcan precedentes y resaltan por su innegable trascendencia en cada uno de estos ámbitos. A continuación, te presentamos algunas áreas en las que la comunidad LGBTIQA+ existe y ha logrado sobresalir.